Acuerdo de París: impulsándolo hacia adelante

Hace menos de un año, 197 países se unieron por primera vez para llegar a un Acuerdo Climático universal en París. A través de este, hicieron la promesa de trabajar juntos para limitar el incremento de la temperatura global y evitar los peores impactos del cambio climático.

El 4 de noviembre este acuerdo se volvió una ley planetaria, que entró en vigor casi más rápido que cualquier otro acuerdo de la ONU. Este es un logro histórico que merece ser celebrado. La atmósfera alrededor de la entrada en vigor del Acuerdo de París es de esperanza y de confianza mutua; estos son los sentimientos que empezamos a cultivar en las primeras negociaciones climáticas de la ONU en Berlín, en 1995.

Al trascender viejas líneas de conflicto con ciencia y equidad en mente, el Acuerdo de París establece una nueva forma de trabajar juntos. Crea un esquema único para establecer una alianza entre los gobiernos, las empresas, la sociedad civil, los grupos religiosos y las comunidades, para colaborar y movilizarse por una causa común y por el planeta.

La colaboración fue la clave del éxito

Cuando decidimos organizar la COP20, no tenía expectativas. Pero siempre estuvo en mi mente que necesitaríamos replantear las relaciones en las negociaciones si esperábamos tener algo de éxito. Esta nueva forma de ver la colaboración, empezando por el Llamado a la Acción Climática de Lima, ayudó a crear el impulso que aseguró un acuerdo en París. Este espíritu de colaboración ayudó a promover las alianzas entre los actores estatales y los no estatales, las relaciones entre el norte y el sur, y una creciente cooperación sur-sur, todas con objetivos ambiciosos. Al trabajar con agencias de la ONU, la presidencia francesa de la COP, las empresas y la sociedad civil fueron capaces de unir las partes dejadas por la COP15 en Copenhague años atrás.

La buena noticia es que nadie se está durmiendo en los laureles. Este último año se ha ganado terreno climático: un acuerdo para reducir las emisiones de la aviación internacional, otro para eliminar los contaminantes climáticos peligrosos usados en los aires acondicionados y las refrigeradoras, y un logro culminante: la entrada en vigor temprana del Acuerdo de París.

Colectivamente, estos sucesos han mantenido el impulso para continuar cambiando el cambio climático. Esto nos ha llevado a un momento clave justo en la siguiente ronda de negociaciones climáticas de la ONU en Marrakech. La ciencia sustenta el llamado a la acción global. En octubre, La Organización Meteorológica Mundial anunció que el 2015 fue el primer año completo en el que las medidas de dióxido de carbono en la atmósfera llegaron a la peligrosa cifra de 400 partes por millón (ppm). Esto sobrepasa el límite recomendado de 350 ppm, y es un número que no se reducirá por varias generaciones según los expertos.

Convirtiendo la promesa en acciones

Para convertir la promesa de París en acciones igualmente trascendentales, debemos enfocarnos en dos áreas clave. Más allá de los objetivos globales del Acuerdo de París, los detalles sobre cómo los países cumplirán estos objetivos comunes siguen siendo ambiguos y susceptibles al cambio. Con ese fin, los negociadores deben aclarar las “reglas del juego” del Acuerdo de París y ofrecer una guía clara sobre cómo cada país y sector pueden redoblar la apuesta para ejecutar acciones más ambiciosas.

En el corazón del Acuerdo y de las reglas que se deben seguir, yace una realidad: los compromisos de los países no son suficientes para desviar el rumbo del cambio climático hacia niveles más seguros, por debajo de 1.5 grados centígrados. En este instante, nos dirigimos hacia un incremento de alrededor de 3 grados a nivel mundial. Además, la temperatura promedio global ya ha incrementado un grado centígrado desde la Revolución Industrial, con impactos que son percibidos alrededor del globo. Es urgente incrementar la ambición de las acciones.

Según lo previsto en el Acuerdo, el 2018 es la última oportunidad formal de los países para incrementar sus objetivos climáticos para el 2020. Para darle la máxima oportunidad de retrasar el cambio climático a la Tierra, los gobiernos deben ir más allá de los objetivos actuales con medidas políticas y acciones específicas. Si no lo hacemos, estaremos atorados en los mismos objetivos por los próximos 5-10 años, lo que podría perjudicar nuestra capacidad de lograr la ambiciosa meta de 1.5 grados centígrados de París hasta mediados de este siglo.

Requerirá del trabajo de todos

Una mayor ambición no solo es necesaria de parte de los gobiernos. También debemos incluir a las acciones de las empresas, las ciudades, las comunidades y los individuos alrededor del mundo. A nivel global, varios sectores ya han despertado frente a su propio poder.

Ya se siente un efecto en cadena en los mundos del comercio, el transporte, la producción de alimentos y, por supuesto, los sistemas de energía renovable.

Con la siguiente ronda de negociaciones de la ONU sobre cambio climático en el punto de partida, debemos continuar con esta ola de ímpetu, empujando al mundo hacia acciones concretas para cumplir la promesa de París.

Publicado originalmente en la plataforma compartida por EFE y WWF “El Clima en Marruecos - La COP22 de Cambio Climático”. Esta publicación puede reproducirse libremente, citando el origen y a sus autores.