COP23, una prueba para el Acuerdo de París… y para nosotros

Harvey. Irma. José. María. La temporada de huracanes de este año no tiene precedentes, y nos presenta un recordatorio de las implicaciones de un clima cambiante.

Mientras que el cambio climático continúe incrementando la frecuencia y magnitud de eventos climáticos extremos, más y más americanos se enfrentarán a las consecuencias. En ninguna parte es más evidente esta situación que en Puerto Rico, en donde casi un mes después de que los vientos y lluvias de María han pasado, los ciudadanos americanos residentes de la isla siguen lidiando con la devastación.

Ya sabemos que el cambio climático está teniendo un impacto en nuestra vida diaria, y que los científicos esperan que esos impactos se intensifiquen. Las buenas noticias son que aún tenemos tiempo de mitigar los peores efectos del cambio climático…si actuamos ahora.

El cambio climático es el gran reto colectivo de nuestro tiempo. En 2015 cerca de 200 naciones se unieron para enfrentarlo con la aprobación del Acuerdo de París. El acuerdo describe objetivos de temperatura global muy claros, y de reducción de emisiones a largo plazo. De igual forma reconoce el hueco existente entre la envergadura de las medidas actuales, y las medidas necesarias para evitar los efectos más catastróficos del cambio climático. Pero, sobre todo, el acuerdo ofrece mecanismos para cerrar ese hueco, y llama a las naciones del mundo a implementar objetivos de reducción de carbono más ambiciosos cada cinco años.

La ciencia nos dice que las emisiones de gases de efecto invernadero deben llegar a su máximo para el año 2020, si queremos mantener el incremento de la temperatura global promedio por debajo de 1.5C. Este es el nivel máximo tolerable que los científicos creen evitaría los impactos más severos en nuestra gente y nuestro planeta.

No es una misión sencilla, pero hay señales que nos dan esperanza.

Los países están reduciendo sus emisiones de carbono más rápido de lo esperado. India está en camino para lograr el 2022 la meta que estableció para el 2030, que es incrementar su capacidad de combustibles no-fósiles a un 40%. Esto es ocho años antes de lo previsto. También hay buenas noticias en China, en donde es posible que las emisiones de carbono ya hayan llegado a su máximo, una década antes de lo estipulado en su compromiso ante el Acuerdo de París.

Asimismo, la tecnología, gran aliada de la acción climática, está acelerando la adopción de energías limpias. La energía eólica es un ejemplo perfecto: las turbinas de viento son ahora 30 veces más potentes que en los años 90s, y su precio ha caído en un 80% solo en los últimos 7 años.

El mundo sigue adelante. La economía se está moviendo en la dirección correcta, pero debemos acelerar el paso.

La conferencia de la ONU sobre el cambio climático (COP23) que comienza la siguiente semana en Bonn, Alemania, será la prueba más grande a la fecha de la voluntad colectiva de resolver la amenaza global del cambio climático. Es crítico que las discusiones logren progreso sustantivo sobre la implementación del Acuerdo de París. También es importante que los negociadores creen un plan para alentar a los gobiernos nacionales a incrementar la ambición de sus metas de reducción de emisiones para el año 2020, tomando en consideración el rol de las empresas, las ciudades y los estados en lograr esas metas.

Aun cuando los gobiernos nacionales serán los protagonistas en Bonn, no serán ellos los únicos con un papel destacado en las negociaciones de este año. Signatarios de la declaración We Are Still In, un grupo de más de 2,500 alcaldes, gobernadores, empresarios y presidentes de universidades tendrán una presencia prominente en Bonn. Estarán en Alemania para decirle al mundo que los estadounidenses aún apoyan el Acuerdo de París. Muchos de estos líderes hablarán sobre cómo están enfrentando la crisis climática, y reportarán sobre los avances logrados.

Los signatarios representan a 130 millones de estadounidenses, y 6 trillones de la economía de Estados Unidos. Ellos son la fuente de innovación, y el motor del crecimiento económico del país. Pero más importante aún, ellos tienen el músculo necesario para ayudar a los líderes del mundo a lograr drásticas reducciones de emisiones de carbono, y otros gases de efecto invernadero, a una escala global. Como bien dijo el secretario de estado alemán, Jochen Flasbarth: “La participación y la inclusividad de todos los interesados será clave en la COP23, y da la señal al mundo de que la implementación del Acuerdo de París es irreversible”.

Este año Fiyi presidirá las negociaciones de la COP, proporcionando un poderoso recordatorio de lo que está en juego. Las naciones insulares están en la primera línea de batalla contra el cambio climático. Y para muestra un botón: justo el año pasado, la tormenta más fuerte registrada en el hemisferio sur impactó a Fiyi, matando a 44 personas y dejando un camino de destrucción a valorado en 1.38 billones de dólares, lo que equivale a un tercio del producto interno bruto del país. Para otras naciones de baja altitud como es el caso de Tuvalu y las Islas Marshall, la elevación del nivel del mar representa una amenaza existencial. Literalmente hay países en riesgo de desaparecer.

Como vimos este año, ninguna parte del mundo es inmune a los efectos del cambio climático, y ningún individuo, empresa o país, puede resolver este problema por sí mismo. Pero juntos podemos direccionar al mundo hacia un futuro más resiliente para nuestros hijos y las futuras generaciones. El momento de actuar es ahora, y no tenemos tiempo que perder.

En COP23, la principal área de negociaciones se llama “Zona Bula”. Para los fiyianos, la palabra “Bula” significa “vida”, lo que refleja el espíritu de esperanza y receptividad del país insular. Honremos ese espíritu en COP23, ofreciendo soluciones al reto colectivo que enfrentamos, y avancemos en la promesa que nos hicimos hace dos años en París.

Este editorial fue publicado originalmente por El Nuevo Herald el 6 de noviembre del 2017.