Incendios forestales: los buenos y los malos

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Al parecer cada año se registra otro desastroso incendio forestal en el oeste de Estados Unidos. Tan solo en 2018, en el país se quemaron casi 9 millones de acres. Los incendios descontrolados, que con frecuencia han comenzado accidentalmente por la gente, han arrasado y diezmado los bosques.

Para la mayoría de las personas, los incendios forestales son sinónimo de desastre. Sin embargo, existen algunos tipos de incendios forestales, planeados y controlados, que realmente benefician al medio ambiente.

Una quema controlada es un incendio forestal que se realiza intencionalmente con un propósito específico. Las quemas controladas bien planeadas y bien gestionadas pueden ser increíblemente beneficiosas para el manejo forestal, en parte porque pueden ayudar a detener un incendio forestal que esté fuera de control. La quema controlada se lleva a cabo en la vía por la cual se aproxima el incendio forestal. De esta manera se quema y extingue todo el material inflamable para que, cuando el incendio llegue, ya no quede más combustible para que el incendio pueda continuar y se apague.

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Las quemas controladas también son utilizadas para prevenir los incendios forestales. Incluso antes de la intervención humana, cada ciertos años se producían incendios naturales de baja intensidad donde se quemaban combustibles, restos de plantas y árboles muertos, abriendo paso para que los árboles jóvenes y sanos y la vegetación prosperaran. Ese nuevo crecimiento a su vez soporta la vida silvestre de los bosques. Los responsables de la gestión forestal ahora están replicando esta estrategia natural cuando es apropiado, iniciando incendios controlados y de combustión lenta para dar lugar a una nueva vida que ayudará a mantener el bosque saludable a largo plazo.

Este mismo método es una de las estrategias de WWF para mantener sanos los hábitats de pastizales en las Grandes Planicies del Norte. Como parte del trabajo conjunto entre el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos y WWF, se han quemado intencionalmente y de manera controlada cientos de acres de praderas para revitalizar estos importantes hábitats. Lo que el fuego hace es quemar la vegetación alta y agresiva que no brinda refugio a la vida silvestre, dejando espacio para el nuevo crecimiento que atrae a los bisontes, aves y perritos de la pradera.

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Un bisonte en las Grandes Planicies del Norte.

Esto no significa que todos los incendios forestales intencionales sean buenos, ni mucho menos. Muchos de los incendios provocados intencionalmente para la agricultura y el desmonte son, en el mejor de los casos, mal aconsejados y, en el peor, devastadores. La tala y quema de árboles se realiza a diario para destruir grandes áreas de bosques. Por supuesto, estos incendios no solo acaban con los árboles: matan y desplazan a la vida silvestre, alteran los ciclos del agua y la fertilidad del suelo, y ponen en peligro la vida y el sustento de las comunidades locales. También pueden salirse de control. En 1997, los incendios provocados intencionalmente para despejar bosques en Indonesia se convirtieron en uno de los incendios forestales más grandes jamás registrados en la historia. Cientos de personas murieron; millones de acres se quemaron; especies en riesgo, como los orangutanes, perecieron por centenares; y una neblina de humo y cenizas voló sobre el sureste de Asia durante meses, lo que redujo la visibilidad y causó graves daños a la salud.

Esa es precisamente la razón por la que WWF ayuda a los gobiernos de todo el mundo a combatir la tala y quema de árboles. WWF también trabaja con los agricultores y las empresas para detener las quemas agrícolas innecesarias. Y en los casos donde nuestros científicos piensan que el fuego podría ser la mejor solución para revitalizar las áreas silvestres, reunimos a los expertos indicados para estudiar la situación y elaborar un plan.

Todo fuego es peligroso. Es por eso que, para minimizar el riesgo tanto como sea posible, las quemas controladas deben ser sumamente cuidadas, bien planificadas e iniciadas y manejadas por profesionales capacitados. En resumen: el fuego puede ser una herramienta para la conservación, pero solo cuando se usa de la manera correcta.