Nuevo atlas de pastizales revela la importancia de los pastizales saludables para la vida silvestre y los seres humanos

Cierra los ojos e imagina que ves un océano de interminables olas de pasto. A medida que las olas se acercan, cada una se divide y baila a tu alrededor y el sonido que generan, como el viento en una vela, te envuelve.

La tranquilidad del momento sólo se ve interrumpida por el fuerte trinar de una alondra occidental. Buscas al pájaro, confiado de que está cerca, pero únicamente logras ver su rechoncha silueta en la distancia, descansando sobre una artemisa color verde claro, como el de un billete de un dólar. Y de pronto, un repentino silencio. El único indicio de vida animal que prevalece es el chirrido constante de los grillos que se refugian bajo la oscura vegetación, en un mundo escondido.

Las praderas, junto con otros tipos de pastizales, son lugares discretos que demandan paciencia. A lo largo del tiempo ha habido muchos intentos por describirlas: praderas, matorrales, llanos, pastizales, estepas, sabanas, veld, cerrado o llanuras son solo algunos de los términos. Existen en todos los continentes, excepto en la Antártida, y sirven como escenario para muchas de las congregaciones y migraciones más espectaculares de vida silvestre del mundo. La humanidad surgió de los pastizales, y muchas de las plantas y animales que habitan en estos extraordinarios biomas no se encuentran en ningún otro lugar de la Tierra.

Tal como cuando una masa de agua se ve salpicada por un pez saltarín, el observador común puede llegar a ver muestras de vida en los pastizales, sin embargo adentrarse bajo la superficie es algo que requiere dedicación. Incluso observando cuidadosamente puede resultar un reto poder llegar a ver la raíz de algunas de las funciones más importantes que brindan: mejoran la calidad del aire, filtran el agua y confinan el carbono, regalos que nos brindan los pastizales saludables y otros tipos de praderas sin costo alguno. Pero estos beneficios solo ocurren si se permite que estos ecosistemas funcionen correctamente. Cada año, la presión que ejerce una población en constante crecimiento hace que estos beneficios cada vez se produzcan con mayor dificultad.

Un elefante deambula por una sabana en Sudáfrica.

Anochecer en el Cerrado brasileño.

Alrededor del mundo, todos los tipos de pastizales están amenazados por la expansión y el desarrollo agrícolas. Un buen ejemplo se puede ver en las Grandes Planicies de Estados Unidos. Desde 2009, estas praderas han perdido 33 millones de acres (13.3 millones de ha) de pastizales que han sido arados para el desarrollo agrícola de cultivo en hileras, un área equivalente a la mitad del tamaño de Colorado. Aunque los pastizales representan un gran porcentaje de la superficie terrestre total del planeta, menos del 10% está protegido, y el cambio climático acentúa los impactos en estos entornos. La conversión y degradación de los hábitats de los pastizales reduce su capacidad para mantener hábitats saludables para la vida silvestre, así como el aire y agua limpios para las personas.

Hasta hoy, en raras ocasiones los pastizales han sido un objetivo en las agendas internacionales de conservación. Solo el 10% de los planes climáticos nacionales (como parte del Acuerdo Climático de París) incluye menciones a los pastizales; en comparación, el 70% incluye menciones a los bosques. Aunque proporcionan un hábitat clave para la vida silvestre y servicios ecosistémicos críticos, parte de la razón por la que han sido subvalorados es que no hemos invertido los recursos necesarios para calcular sus beneficios para las personas y la naturaleza.

The Rangelands Atlas viene a llenar parte de ese vacío. El atlas ha sido publicado conjuntamente por WWF, el Instituto Internacional de Investigaciones Pecuarias (ILRI), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Coalición Internacional para el Acceso a la Tierra (ILC). Además, servirá como punto de partida para recopilar datos más detallados sobre los servicios ecosistémicos y los beneficios económicos y sociales que brindan los pastizales a las personas y la naturaleza.