Cómo la naturaleza nos ayuda a sobrellevar un mundo en calentamiento
Por
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Joshua Goldman

© Michael B. Thomas / Getty Images / WWF-US
Puntos clave
- Los impactos climáticos se están acelerando, situando a 2025 entre los años más calurosos jamás registrados, lo que provoca calor extremo, aumento del nivel del mar, intensificación de las tormentas, calentamiento de los océanos y perturbaciones en todas las regiones del mundo.
- La naturaleza es una de nuestras principales líneas de defensa en la lucha contra el cambio climático. Los ecosistemas sanos protegen a las comunidades ya que absorben los gases de efecto invernadero y las resguardan de los fenómenos meteorológicos extremos.
- El cambio climático constituye una crisis de salud pública en expansión, lo que subraya la necesidad de integrar la ciencia climática y la naturaleza en la planificación global de la salud y la resiliencia.
Cada año, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) publica su informe State of the Global Climate, una de las reflexiones más claras y autorizadas sobre cómo el cambiante clima está transformando la vida en la Tierra. El informe de este año confirma que 2025 fue uno de los años más calurosos jamás registrados, prolongando una racha de 11 años de calor global récord. También revela que la Tierra se encuentra cada vez más desequilibrada: las temperaturas oceánicas alcanzan nuevos máximos, el nivel del mar continúa aumentando y los glaciares retroceden a un ritmo sin precedentes.
Esta ciencia, que invita a la reflexión, hace énfasis en una verdad aún más profunda: a medida que los impactos de un mundo en calentamiento se intensifican, la naturaleza sigue siendo una de nuestras aliadas más sólidas en la lucha por mantener a la vista un futuro climático seguro.
Un planeta con fiebre
La OMM informa que 2025 fue aproximadamente 1.4 °C más cálido que los niveles preindustriales, lo que lo convierte en el segundo o tercer año más caluroso de la historia, según el conjunto de datos que se utilice. Desde 2015, todos los años se han situado entre los más cálidos jamás observados. Este repunte de las temperaturas contribuyó a la aparición de fenómenos meteorológicos severos en casi todas las regiones durante 2025. Diversas comunidades se enfrentaron a olas de calor sin precedentes en el este de Asia, el sur de Europa, el Medio Oriente y América del Norte. Las olas de calor marinas se extendieron por el 90% de los océanos del mundo, provocando el blanqueamiento de los corales y perturbando la vida marina. Las inundaciones y las tormentas desplazaron a millones de personas en lugares como Pakistán, Mozambique, Vietnam, Yemen y Estados Unidos, mientras que los incendios forestales arrasaron Canadá, California, el Mediterráneo, Australia y Nueva Zelanda. Estos impactos ya no son sucesos aislados; su frecuencia, intensidad y alcance geográfico están en aumento.
El océano: silencioso, abrumado y vital
Más del 91% del exceso de calor atrapado por los gases de efecto invernadero ha sido absorbido por los océanos del mundo, los cuales alcanzaron en 2025 su nivel más alto de contenido térmico jamás registrado. Sin embargo, la capacidad de los océanos para absorber dióxido de carbono se está debilitando a medida que las aguas se calientan y se vuelven más ácidas, amenazando los arrecifes de coral, las pesquerías y las vías fluviales costeras, desde los estuarios del Amazonas hasta los corredores migratorios clave a lo largo del Pacífico oriental y más allá.
Los ecosistemas oceánicos saludables —incluyendo los humedales protegidos, los manglares, los arrecifes de coral y las praderas marinas— siguen siendo esenciales para fomentar la resiliencia ante un clima que cambia con rapidez. Los ecosistemas y hábitats oceánicos no solo actúan como una esponja de carbono, también estabilizan las costas, protegen a las comunidades del aumento del nivel del mar y reducen los costos de recuperación tras los desastres naturales. El informe de la OMM deja claro que, al invertir hoy en la protección marina, podemos ayudar a la naturaleza y a las comunidades a prepararse para el clima cambiante del mañana.
Los fenómenos meteorológicos extremos aumentan, al igual que las soluciones basadas en la naturaleza
El nuevo informe complementario de la OMM sobre eventos extremos revela una imagen detallada de la rapidez con la que los peligros se están intensificando. Ciclones catastróficos afectaron a Indonesia, Tailandia y Sri Lanka en 2025, mientras que las inundaciones azotaron África occidental, el sur de Asia y Centroamérica; asimismo, un calor récord avivó incendios en todo el Mediterráneo, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Si bien los factores físicos difieren, un hilo conductor conecta estos impactos: los ecosistemas degradados o perdidos tienen una menor capacidad para proteger a las comunidades de las perturbaciones climáticas.
En los lugares donde se han eliminado los manglares, las inundaciones costeras resultan más destructivas. Donde se han talado los bosques, los deslizamientos de tierra y las inundaciones repentinas son más severos. Y donde se han alterado los ríos, los humedales y las llanuras aluviales, se intensifican los extremos de sequía e inundación. Al mismo tiempo, los ejemplos provenientes de los paisajes prioritarios de WWF demuestran el poder protector que tiene la naturaleza que aún está intacta. Los bosques de la Amazonía ayudan a regular las precipitaciones en todo un continente. Los humedales restaurados en África oriental reducen las inundaciones y mejoran la seguridad hídrica. Los manglares saludables del sudeste asiático protegen las costas contra las mareas de tormenta y la erosión. La naturaleza no solo almacena carbono; también amortigua los impactos y brinda a las comunidades tiempo para adaptarse.
El cambio climático es también una crisis sanitaria
Por primera vez, la OMM ha incluido una sección específica sobre el clima y la salud, haciendo hincapié en que el calentamiento global no es solo una cuestión medioambiental, sino una amenaza inmediata y creciente para la salud pública. El estrés térmico afecta actualmente a más de 1,200 millones de trabajadores cada año, especialmente a aquellos que trabajan al aire libre en la agricultura, la construcción y otros sectores de gran intensidad laboral. El aumento de las temperaturas y la pérdida de bosques también están acelerando la propagación de enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue, considerada actualmente como la enfermedad transmitida por mosquitos de más rápido crecimiento en el mundo. Sin embargo, solo alrededor de la mitad de los países disponen de sistemas de alerta temprana adaptados a los riesgos sanitarios, y aún menos integran los datos climáticos directamente en la toma de decisiones de salud pública. Fortalecer el vínculo entre la ciencia climática, las soluciones basadas en la naturaleza y los sistemas de salud será esencial para proteger a los más vulnerables.
Una ventana de oportunidad que va cerrando y un claro camino hacia el futuro
Las conclusiones de la OMM son contundentes, pero el informe es también un recordatorio de que existen soluciones y de que la naturaleza sigue siendo fundamental tanto para frenar el cambio climático como para adaptarse a un mundo más cálido. Proteger y restaurar los bosques, ríos, arrecifes, humedales y pastizales se encuentra entre las formas más eficaces de frenar el calentamiento, reducir el riesgo de desastres y salvaguardar la seguridad alimentaria e hídrica. WWF trabaja en todo el mundo —en la Amazonía, la cuenca del Congo, el Ártico, el sudeste asiático y muchos lugares más— para ampliar la escala de las soluciones basadas en la naturaleza que ayudan a las personas y a la vida silvestre a adaptarse a un clima que cambia con rapidez.
Puede que el planeta esté perdiendo su equilibrio, pero los sistemas capaces de restaurar esa estabilidad siguen estando a nuestro alcance. El informe de este año, State of the Global Climate, sobre el estado del clima mundial no es solo una advertencia; también es un llamado a fortalecer y acelerar las soluciones basadas en la naturaleza que sabemos que funcionan.

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