¿Cómo puede la vida silvestre sobrevivir sin hogar?
La reinterpretación de la Ley de Especies en Peligro de Extinción podría echar por la borda más de 50 años de conservación exitosa
Por
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Leigh Henry

© Bruce D. Taubert
Cuando alguien destruye deliberadamente una casa, la ley lo considera un delito y dispone mecanismos para sancionar a los culpables. Se entiende que la destrucción de un hogar causa un daño real, incluso si no se toca a la persona que vive allí. En esencia, ese es el cambio que el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos (USFWS por sus siglas en inglés) implementó recientemente para la vida silvestre en peligro de extinción.
Anteriormente, la Ley de Especies en Peligro de Extinción (ESA, por sus siglas en inglés), que protege a las especies en peligro de extinción, establecía claramente que la destrucción del hábitat —los hogares de los animales y las plantas en peligro— se consideraba un "daño" y, por lo tanto, ilegal. La reciente reinterpretación, sin embargo, eliminó la destrucción del hábitat de esta definición, facilitando en gran medida que los promotores inmobiliarios destruyan los lugares donde viven la extraordinaria vida silvestre y las plantas en peligro de extinción.
¿Acaso la vida silvestre no puede simplemente irse a otro lugar?
Cuando el Congreso creó la Ley de Especies en Peligro de Extinción hace más de 50 años, la protección de los hábitats era el pilar fundamental de la ley. Sabían que las plantas y los animales necesitan un hogar en particular. En pocas palabras: no se puede salvar una especie si se destruyen los bosques, humedales, ríos o praderas a los que está adaptada y de los que depende para sobrevivir.
La mayoría de los animales pertenecen a hábitats específicos debido al alimento, al agua, al refugio y a otras condiciones necesarias para sobrevivir y para la crianza. Por ejemplo, la pantera de Florida, de la cual solo quedan unos 200 ejemplares en estado silvestre, necesita vastos territorios en el sur de Florida. Los cóndores de California, una de las aves más extraordinarias del planeta, dependen de vastas áreas silvestres para alimentarse y de acantilados específicos para anidar. El escarabajo tigre de Salt Creek, uno de los insectos más raros del mundo, solo habita en unos cuantos humedales salinos cerca de Lincoln, Nebraska. Cuando el desarrollo urbanístico drena o inunda estos delicados hábitats salinos, los escarabajos no tienen adónde ir, ya que su hábitat específico no existe en ningún otro lugar. Las tortugas marinas nadan miles de kilómetros para regresar exactamente a las playas donde nacieron y depositar sus huevos, pero el desarrollo costero y la iluminación artificial ahora confunden tanto a las madres como a las tortuguitas, a menudo alejándolas del océano y dirigiéndolas hacia carreteras transitadas.
Las plantas en peligro de extinción son aún más vulnerables a la destrucción de su hábitat. Una vez que se establecen, literalmente no pueden trasladarse a otro lugar. Por ejemplo, la planta carnívora de montaña, que solo se encuentra en contados lugares de las Carolinas, depende de condiciones muy específicas de suelo y agua para sobrevivir. Cuando la tala o el desarrollo destruyen este hábitat, la planta carnívora no puede reubicarse en otro lugar; simplemente muere, ya que existen muy pocos ejemplares de su hábitat, tan raro y necesario, en estado silvestre. Lo mismo ocurre con los cactus del desierto, que requieren cierta altitud y tipo de suelo, o con las plantas costeras adaptadas a niveles específicos de salinidad y condiciones arenosas. A diferencia de algunos animales que tienen una ligera ventaja para huir cuando llegan las excavadoras, las plantas —sobre todo las que no se propagan por semillas— no tienen ninguna vía de escape.

© Clay Bolt
No se trata solo de especies en peligro de extinción
Proteger los hábitats no solo ayuda a la vida silvestre, sino también a las personas. Los ecosistemas saludables nos brindan servicios que nos mantienen sanos y brindan seguridad:
- Agua limpia: Los hábitats saludables filtran la contaminación y evitan que la tierra contamine nuestra agua potable.
- Protección contra inundaciones: Los bosques y humedales absorben la lluvia que, de otro modo, inundaría nuestras comunidades.
- Barreras contra tormentas: Los hábitats costeros, como los manglares, protegen las costas de huracanes y del aumento del nivel del mar.
- Prevención de enfermedades: Los bosques inalterados actúan como barrera para ayudar a prevenir la propagación de enfermedades que pueden transmitirse de los animales a los humanos.
A pesar de lo que hayas escuchado, la Ley de Especies en Peligro de Extinción incluye herramientas de gestión flexibles para ayudar a los propietarios de las tierras. Programas como los Acuerdos para Refugios Seguros permiten a los propietarios apoyar voluntariamente a las especies en peligro de extinción, obteniendo garantías legales que les permiten seguir utilizando sus tierras para actividades como la agricultura y la ganadería, o simplemente como vivienda. Estas soluciones, que benefician a todos, contempladas en la ley actual, demuestran cómo la ESA considera el bienestar de las personas, además del de las especies que protege.
Más de 50 años de éxito comprobado
Durante más de 50 años, la Ley de Especies en Peligro de Extinción ha logrado rescatar a decenas de especies del borde de la extinción, como el águila calva y la ballena jorobada. La protección del hábitat ha sido fundamental para estos éxitos.
Eliminar de la ley “la destrucción del hábitat” de la definición de "daño" debilitó una de las leyes de conservación más importantes de Estados Unidos (y del mundo), afectando la protección de más de 1,600 especies actualmente incluidas en la lista de la Ley de Especies en Peligro de Extinción. Esto hará que cualquier intento de proteger a las especies amenazadas y en peligro de extinción sea prácticamente imposible, ya que la principal amenaza para estas especies es la pérdida de hábitat y otras presiones externas, no la caza directa.
El Congreso fue claro al redactar la Ley de Especies en Peligro de Extinción en 1975: no se pueden salvar plantas y animales sin proteger sus hábitats. Debemos respetar esta sabiduría y mantener una protección sólida del hábitat para la vida silvestre y los espacios naturales que hacen de nuestro país un lugar tan especial.