Conservacionistas se inspiran en los castores para salvar el río Grande
Por
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Angela L. Bowman

© WWF-US/Diana Cervantes
Esta historia fue publicada originalmente en PBS Nature
El río Grande (río Bravo) es uno de los grandes ríos de Norteamérica que serpentea a lo largo de casi 3,000 kilómetros desde el sur de Colorado, a través de Nuevo México y a lo largo de la frontera entre Texas y México. Es un recurso vital que proporciona agua a 16 millones de personas e innumerables especies de animales silvestres. Pero también es uno de los 10 ríos más amenazados del mundo. Debido a las prolongadas sequías, el aumento de las temperaturas y el extensivo riego agrícola, los niveles del río a menudo alcanzan niveles críticamente bajos. Este verano, el río Grande se secó en Albuquerque, Nuevo México, por tercera vez en cuatro años, lo que plantea una visión aleccionadora de lo que podría deparar el futuro a los ecosistemas de agua dulce del suroeste de Estados Unidos si no actuamos para mantener el flujo de nuestros ríos.
Pero hay esperanza. Y esa esperanza tiene una encantadora cola y dientes parecidos a los de un conejo: los castores, criaturas que son más que simples y carismáticos mamíferos. Son ingenieros de los ecosistemas. Con ramas, barro y una determinación incansable, construyen represas que frenan las corrientes de agua y las distribuyen por las llanuras aluviales, creando estanques y humedales que se repletan de fauna. Estos humedales actúan como esponjas naturales, absorbiendo agua durante los períodos húmedos y liberándola lentamente, lo que aumenta la resiliencia de los ríos y las comunidades que dependen de ellos durante las sequías.

© Gary Graham
Los beneficios que brindan los estanques creados por los castores se extienden a ecosistemas completos, albergando a cientos de especies, desde peces como la trucha degollada, que prospera en charcas sombreadas, hasta grullas canadienses que dependen de ellos para abrirse paso durante sus largas migraciones invernales.
© WWF-US/Diana Cervantes
© Diana Cervantes / WWF-US
Las represas de los castores son tan importantes que, cuando no hay suficientes castores, los humanos han comenzado a compensar la escasez de agua construyendo represas análogas similares a las de los castores (o BDA, como se les conoce en inglés). Las BDA son estructuras construidas por el hombre, diseñadas para imitar la forma y la función de las represas naturales creadas por los castores. Fabricadas con postes de madera, ramas y sedimentos, las BDA requieren poca tecnología, son rentables y sorprendentemente poderosas.
Eso es precisamente lo que está sucediendo en Nuevo México gracias al trabajo de Rio Grande Return, en colaboración con terratenientes, tribus y organizaciones de conservación como WWF, que están restaurando el río Grande y sus afluentes mediante soluciones basadas en la naturaleza.

© WWF-US/Diana Cervantes
El primer paso para el éxito de cualquier BDA es elegir la ubicación adecuada. Los equipos exploran las zonas que alguna vez albergaron vibrantes humedales, pero que ahora están secas. Luego, con herramientas manuales como hachas y motosierras pequeñas, reúnen materiales cercanos para crear postes de madera que clavan en el lecho del arroyo en una línea a lo largo del canal. Estos postes forman la columna vertebral de la estructura, similar al armazón de una cerca. A continuación, los equipos entrelazan ramas y otros arbustos locales entre los postes, creando una barrera semipermeable. Esto imita la maraña de ramas y troncos de una represa creada de manera natural por un castor. Finalmente, rellenan los huecos con lodo y otros sedimentos cercanos, ralentizando el flujo de agua y permitiendo el paso de los peces.
Una vez instalada la BDA, los equipos se retiran y dejan que el arroyo haga el resto del trabajo. El agua que fluye deposita más sedimentos, la vegetación se arraiga y la estructura comienza a parecerse y funcionar como una represa natural creada por castores. En algunos casos, los castores reales regresan al sitio, lo que ayuda a ampliar y mantener el trabajo de los equipos. Los castores que regresan incluso reparan cualquier zona que los humanos hayan pasado por alto; a final de cuentas, ¡ellos son los expertos!
Este proceso es deliberadamente sencillo. No requiere maquinaria pesada ni materiales costosos, solo madera local, sedimentos naturales y la voluntad de colaborar con la naturaleza.

© WWF-US/Diana Cervantes
Al ralentizar los arroyos, las BDA permiten que el agua se distribuya y se filtre en el terreno circundante, donde se almacenará para su uso posterior a lo largo del año. Esto ayuda a restablecer los humedales, aumenta la cantidad de agua disponible para su uso durante todo el año y sustenta las plantas y animales que viven a lo largo de ríos y arroyos. Con el tiempo, las BDA pueden transformar un cauce seco en un rico humedal e incluso atraer de nuevo a los castores, los ingenieros originales del ecosistema de la naturaleza, a la zona.
Con un poco de inspiración natural, estamos ayudando a asegurar un futuro más saludable para la cuenca hidrográfica, para la vida silvestre que depende de ella y para las personas que consideran el río Grande su hogar.