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WWF

En Yucatán, las abejas sin aguijón proporcionan medios de vida sostenibles y una conexión con la cultura maya.

Las mujeres apicultoras conocidas como Las Vecinas cuentan con el apoyo del Proyecto Herencia Maya.

Por 

  • Humberto Basilio

A tiny melipona bee emerges from its bee box in Tzucacab, Yucatán, Mexico

© WWF-US / Alejandro Prieto

En medio de un jardín repleto de árboles cítricos en Yucatán, México, Berta Alicia Canul Díaz construyó un santuario de vida. El olor a naranja, toronja y limón viaja entre las hojas verdes y las ramas que las sostienen. En el centro del jardín, un pequeño camino de piedras conduce hasta una palapa de paredes de malla y madera, con techo de paja.

Berta Silvia Canul Diaz and Celia Wendy Canul Diaz, members of Las Vecinas, wear brightly covered clothing and facemasks and use a flashlight to examine a beehive

© WWF-US/Alejandro Prieto

Dentro de la palapa, Canul Díaz levanta una de las 30 cajas de madera y la coloca sobre una mesa para abrirla. Una vez que la abre, cientos de abejas salen de un panal y rodean a la mujer que con delicadeza se mueve entre ellas. “Sin las abejas no habría vida”, dice Canul Díaz. “Si ellas se acaban, nosotros también”.

La palapa es un meliponario que Canul Díaz y otras cinco mujeres de la comunidad de Tzucacab construyeron hace cinco años. La meliponicultura es una práctica ancestral de la cultura Maya — una de las civilizaciones más avanzadas de Mesoamérica entre el 250 y 900 d.c. Los meliponicultores dominaron el cuidado de los meliponinos, o abejas sin aguijón, de donde la técnica obtiene su nombre. Para Canul Díaz y el grupo autodenominado “Las Vecinas”, la meliponicultura es una de las principales actividades económicas, mediante la venta de miel y productos derivados, en Yucatán.

Four women, all memebers of the Las Vecinas beekeeping collective smile and pose together outside

© WWF-US / Alejandro Prieto

Se nombraron “Las Vecinas” porque todas viven en los alrededores de la Casa Cultural Alicia Díaz Barbosa, donde se encuentran el jardín y el meliponario. El equipo “es algo maravilloso”, señala Canul, “una prueba viva de que las mujeres hacemos mucho con poco”.

Las Vecinas no se volvieron expertas en abejas de la noche a la mañana. El grupo comenzó a utilizar prácticas ancestrales mayas, tomando troncos caídos y árboles muertos para construir las cajas que albergan las colmenas, las cuales permiten que la colonia de abejas sin aguijón crezca. En los últimos años han tomado talleres y capacitaciones para perfeccionar el cuidado de las colmenas, la limpieza de los panales y la cosecha de la miel que producen las abejas — a quienes Canul Díaz llama dulcemente “mis amores”.

Años complicados

Los últimos años no han sido fáciles, para Las Vecinas y sus abejas. Variaciones pronunciadas en la temperatura de Yucatán han sido fulminantes para las colmenas.

Hace dos años, una ola de calor provocó la muerte de seis colmenas, cuyos panales no resistieron las altas temperaturas. Esa fue solo una de muchas que azotaron a México en 2024 — el año más caluroso jamás registrado en el país desde 1880, con temperaturas de hasta 45°C (113º F) en Yucatán.

La muerte de las abejas no solo representa una pérdida económica para Las Vecinas y sus familias, sino también un daño incalculable a sus años de trabajo y esfuerzo. Y, por supuesto, las pérdidas ambientales son incalculables, pues ¿qué pasará sin estas polinizadoras?

Bertha Silvia Canul Diaz stands in the shelter that houses dozens of meripona bee hives in Tzucacab, Yucatán, Mexico

© Alejandro Prieto / WWF-US

“Duele”, dice Canul Díaz, con la voz quebrada. “Queremos cuidarlas para que ellas nos sigan cuidando”.

Sin temor a equivocarse, Canul Díaz afirma con seguridad que sabe por qué la temperatura está aumentando. En el sur de México, la tasa de deforestación crece de forma alarmante. Vista desde el cielo, lo que durante su infancia fue una selva exuberante y verde, ahora es un mosaico irregular de parches color marrón de tierra deforestada, que se expande cada año debido al crecimiento de las industrias ganadera y agrícola, así como al desarrollo urbano no planificado.

La falta de árboles impide que el calor se disipe, y el uso desmedido de pesticidas químicos contamina la tierra y las flores que las abejas polinizan, señala Canul. “Eso nos hace mucho daño”, reitera.

Canul Díaz stands in front of a mural of her mother painted on the side of the community center in Tzucacab, Yucatán, Mexico

© WWF-US / Alejandro Prieto

Cómo las soluciones basadas en la naturaleza pueden ayudar

La meliponicultura tiene un alto potencial para la polinización de cultivos locales, lo que mejora la calidad de los frutos e incrementa la producción. La Melipona beecheii, a diferencia de otras especies de abejas, es dócil y fácil de mantener en pequeños meliponarios como el de Las Vecinas, lo que reduce el riesgo de muerte ante cambios ambientales.

La meliponicultura es un ejemplo de lo que se conoce como una solución basada en la naturaleza, en la que las comunidades cuidan y restauran activamente el medio ambiente utilizando la propia naturaleza, a la vez que generan ingresos sostenibles.

En Yucatán, Las Vecinas y otros grupos de personas productoras son apoyados por la JIBIOPUUC – un consorcio de municipios que se unieron para apoyar la conservación de la Reserva Estatal Biocultural del Puuc. JIBIOPUUC crea espacios de trabajo con habitantes de las comunidades para escuchar sus problemáticas y buscar soluciones sustentables con el apoyo de organizaciones como WWF y autoridades gubernamentales. “Al mismo tiempo que cuida el medio ambiente, busca generar en las comunidades razones para permanecer, para sentirse orgullosos de su tierra y para que haya medios de vida adecuados para ellos”, comenta Minneth Beatriz Medina García, directora de JIBIOPUUC.

A table display of honeybee products from melipona bees, including shampoo, soap, anti-inflammatory honey

© WWF-US / Alejandro Prieto

A wooden box holds the Melipona bee hive in Tzucacab, Yucatán, México

Caja de madera donde las abejas meliponas producen miel con un pequeño orificio en la parte inferior que sirve de puerta y que siempre está custodiado por una abeja. Cada caja alberga su propia colonia de abejas. Tzucacab, Yucatán, México.

© WWF-US / Alejandro Prieto

A bee returning home. The guardian bee makes sure that bees from another colony or box don't fly back into the incorrect box. And if an insect tries to enter the box, the guardian bee blocks the hole with wax and creates another small hole. Tzucacab, Yucatán, México

Una abeja regresa a casa. La abeja guardiana se asegura de que las abejas de otra colonia o caja no vuelvan a entrar en la caja equivocada. Y si un insecto intenta entrar en la caja, la abeja guardiana bloquea el orificio con cera y crea otro pequeño orificio. Tzucacab, Yucatán, México.

© WWF-US / Alejandro Prieto

Bertha Silvia Canul Diaz stands in the shelter that houses dozens of meripona bee hives in Tzucacab, Yucatán, Mexico

Bertha Silvia Canul Díaz, trabajando en el interior de las cajas de abejas Melipona. La Melipona es una especie de abeja sin aguijón (Melipona beecheii) nativa de Yucatán, criada por el pueblo maya desde hace miles de años. Tzucacab, Yucatán, México.

© Alejandro Prieto / WWF-US

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Herencia Maya, conservación de un legado

En mayo de 2026, se lanzó Herencia Maya, un nuevo Proyecto de Financiamiento para la Permanencia (PFP) en la región. Esta iniciativa de conservación a largo plazo busca proteger el patrimonio biocultural de Yucatán mediante el fortalecimiento y financiamiento permanente de 1.4 millones de acres (580 mil ha) de áreas naturales protegidas en el estado de Yucatán.

“Herencia Maya beneficiará directamente a las comunidades locales al proteger sus medios de vida, asegurar el acceso al agua, fortalecer la resiliencia frente al cambio climático y promover actividades productivas sostenibles como la meliponicultura de Las Vecinas”, menciona Alejandro Camacho, coordinador de Financiamiento para la Biodiversidad y Clima de WWF-México.

La continuidad del meliponario es algo en lo que Canul Díaz piensa constantemente — probablemente es su mayor preocupación. La meliponicultura es una herencia de sus antepasados mayas, y el terreno donde está construida la Casa Cultural es la herencia que le dejó su padre. “Nuestros antepasados nos han dejado mucho y nosotros tenemos que cuidarlo”, dice.

En la entrada de la Casa Cultural, Canul Díaz señala un enorme mural colorido con el rostro de su madre, Alicia Díaz Barbosa, en cuyo honor fue nombrado el espacio que hoy es un punto de encuentro para las mujeres de Tzucacab. El mural llena el pasillo de color y recuerda a la mujer que le heredó a Canul Díaz su paciencia y amor por los insectos, las plantas y los animales. Con melancolía cuenta que así como su madre le dejó algo tan importante, ella quiere heredar a su nieto de 10 años parte de lo que ha aprendido y por lo que ha trabajado desde que comenzó a ser meliponicultora.

“Eso es lo más importante”, dice Canul Díaz, “para que nunca perdamos todo esto…es lo único que tenemos”.