Resolver la contaminación por plásticos puede impulsar la creación de empleos, la economía y a la innovación en Estados Unidos

Por
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Erin Simon
¿Y si combatir la contaminación por plásticos también significa más empleos en Estados Unidos, una economía más sólida y menores costos para nuestros sistemas de gestión de residuos? Un acuerdo global sobre plásticos bien diseñado podría lograr precisamente eso, al alinear a las naciones en torno a normas claras y consistentes sobre cómo se fabrican y se utilizan los plásticos.
Un acuerdo global que estandarice el uso del plástico no sería una carga para Estados Unidos; de hecho, representa una gran oportunidad para nuestra nación. Por un lado, significaría más empleos en una economía circular modernizada del plástico. Con normas claras y consistentes, se estima un 27% de aumento en los empleos dentro de la cadena de valor del plástico en Estados Unidos. Y estos no se limitan a los empleos en las fábricas. Sectores como el reciclaje, la reutilización y la gestión de residuos se están expandiendo rápidamente en respuesta a la creciente demanda de materiales sostenibles. Se espera que la actividad económica a lo largo de la cadena de valor del plástico aumente un 30%, impulsada por la innovación, la eficiencia y la modernización.
A medida que la demanda de materiales reciclados crece en virtud del tratado, Estados Unidos ya está experimentando un cambio: solo en 2024, las importaciones de PET reciclado (rPET) aumentaron un 20%, una clara señal del crecimiento de la demanda interna y una gran oportunidad para impulsar la producción nacional de contenido reciclado post consumo (PCR).
Un tratado sólido aceleraría este impulso, ayudando a construir un sistema más circular que mejore la competitividad de Estados Unidos y reduzca la dependencia de las volátiles cadenas de suministro internacionales. De hecho, si bien el mundo entero experimentaría ganancias considerables —con un aumento global del contenido reciclado del 77%—, se proyecta que Estados Unidos lidere ese crecimiento, duplicando su suministro nacional de contenido reciclado.
Este aumento en el contenido reciclado sería posible gracias a normas de diseño más inteligentes que eliminen los plásticos de un solo uso y mejoren los sistemas de recolección y procesamiento. Cabe destacar que, si bien se espera que las tasas de recolección en Estados Unidos se mantengan estables en este escenario, la tasa de reciclaje mejoraría un 21%, lo que significa que una mayor parte de lo que recolectamos se recicla, en lugar de terminar en vertederos o incineradores.

© Shutterstock / Mohamed Abdulraheew / WWF
Los requisitos de diseño estandarizados también implican mayor eficiencia y menores costos de gestión de residuos públicos. Y en este aspecto, Estados Unidos también tiene más posibilidades de ganar que cualquier otro país: 60,000 millones de dólares en costos netos de gestión de residuos públicos. Esto representa una reducción del 17% en comparación con el sistema fragmentado actual, consecuencia de un diseño más inteligente, menores volúmenes de residuos y la ampliación de los programas de Responsabilidad Extendida del Productor (REP), que trasladan la carga financiera de los residuos plásticos de los gobiernos locales y estatales a las empresas que los producen, y se espera que su valor se duplique con creces para 2040.
Menos residuos también implica una menor presión sobre los presupuestos locales. En virtud de un tratado, se espera que Estados Unidos reduzca los residuos plásticos en un 7% para 2040, la mayor reducción de cualquier nación. Y si bien la producción de plástico puede disminuir ligeramente, esto se compensa en gran medida con el crecimiento del reciclaje, la reutilización y la gestión de residuos, lo que resulta en una reducción de tan solo el 1% de la actividad económica general.
Los beneficios ambientales serían igualmente significativos. Con un acuerdo global, la gestión inadecuada de residuos plásticos se reduciría en un 13% en Estados Unidos y en un 23% a nivel mundial, lo que aliviaría la presión sobre los ecosistemas y la infraestructura. Si bien un 13% puede parecer modesto, representa una disminución significativa en la cantidad de plástico que termina en nuestros lagos, ríos y costas. Esto se traduce en menos contaminación, ecosistemas más sanos y comunidades más limpias.
El legado de un acuerdo sólido sobre plásticos se apreciaría durante generaciones, tanto en Estados Unidos como en todo el mundo. Esta es una oportunidad para que Estados Unidos lidere el proceso. Al respaldar un acuerdo audaz y ambicioso, podemos proteger nuestro medio ambiente y nuestra salud, impulsar nuestra economía e invertir en un futuro más limpio, seguro y próspero.
*El modelo utilizado para las conclusiones de este blog se adaptó del informe Plastic Treaty Futures de Systemiq.