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WWF
Héroes climáticos

Pequeños pero poderosos héroes climáticos de los océanos

Underwater view of several sea urchins on the sandy bottom of the Lembeh Strait off the coast of Indonesia
Erizo de mar frente a la costa de Mozambique.

© Jürgen Freund / WWF

Puntos clave

  • El krill, las ascidias, las estrellas de mar y los erizos de mar son solo algunas de las pequeñas criaturas que desempeñan un papel fundamental en la salud de nuestros océanos.
  • Estas especies forman una importante parte de la red trófica oceánica y confinan grandes cantidades de gases de efecto invernadero.
  • Al mitigar los impactos del cambio climático, ayudan a que los ecosistemas oceánicos prosperen.

Los tiburones, las ballenas o las tortugas marinas son algunas de las especies de megafauna que suele acaparar los reflectores cuando hablamos de la biodiversidad de los océanos y de los héroes marinos frente al cambio climático. Y aunque estos animales son indudablemente maravillosos, algunos pequeños habitantes de los océanos —viscosos o espinosos— también merecen ser reconocidos. Son la columna vertebral, a menudo ignorada, de nuestros océanos, y esenciales para el funcionamiento de los ecosistemas, el mantenimiento de las redes tróficas y la preservación de un futuro climático seguro.

¡Así que prestemos atención a algunos de estos pequeños pero poderosos héroes climáticos de los océanos!

A close up image of a single Antarctic krill underwater in dark sea
Krill antártico.

© naturepl.com  / Ingo Arndt / WWF

1. El increíble krill

El krill antártico (Euphausia superba) es un diminuto crustáceo, de apenas unos cinco centímetros de longitud, que desempeña un papel crucial en el ecosistema del Océano Austral. Es conocido principalmente como una fuente de alimento clave para las ballenas barbadas (filtradoras), como la jorobada y la azul; sin embargo, su importancia va mucho más allá de la red trófica.

El krill también es fundamental para los "sumideros de carbono" de los océanos, proceso mediante el cual estos absorben y confinan más gases de efecto invernadero de la atmósfera de los que libera. Este sistema depende tanto de procesos biológicos como físicos, y el krill constituye un eslabón importante en dicho sistema.

Su función comienza con el fitoplancton: organismos microscópicos similares a las plantas que absorben dióxido de carbono y liberan oxígeno. El fitoplancton es increíblemente eficiente a la hora de confinar carbono y transformarlo en energía (un proceso conocido como "fijación"). De hecho, los científicos estiman que fijan entre 30 mil y 50 mil millones de toneladas métricas de carbono al año1 (¡el equivalente a los gases de efecto invernadero emitidos por casi 43 mil millones de automóviles de combustión en un año!). El krill se alimenta de estos organismos, transfiriendo así el carbono confinado al siguiente nivel de la cadena alimentaria.

Y el krill hace algo más que consumir carbono: ayuda a transportarlo. Tras alimentarse, el krill produce desechos ricos en carbono y nutrientes. Estos desechos se hunden en las profundidades del océano, transportando carbono desde la superficie hasta lugares donde puede almacenarse a largo plazo. Dado que el krill es muy abundante y forma enormes enjambres, esta transferencia vertical de carbono se produce a gran escala2.

Al mismo tiempo, los nutrientes de sus desechos ayudan a fertilizar las aguas superficiales, favoreciendo el crecimiento de nuevo fitoplancton. De este modo, el krill no solo fortalece la base de la red trófica marina, sino que también potencia la capacidad de los océanos para actuar como una solución climática basada en la naturaleza.

A salp chain floats underwater alongside orange fish and above a coral reef
Una cadena de salpas marinas.

© shutterstock

2. Ascidias

Las ascidias pueden figurar entre las criaturas más extrañas de los océanos, pero desempeñan un papel vital en los ecosistemas marinos e incluso en la regulación del clima terrestre. Esto es especialmente cierto en el caso de las variedades de especies que se desplazan libremente, conocidas como salpas (o, en un sentido más amplio, tunicados). Estos invertebrados marinos son, en esencia, organismos gelatinosos y transparentes que se desplazan a la deriva por el agua, alimentándose de diminutas partículas de fitoplancton a su paso.

Las salpas son un valioso componente de la red trófica marina. Sirven de alimento a al menos 202 especies, entre ellas peces de importancia comercial, tortugas marinas e incluso corales. Desde el punto de vista nutricional, aportan beneficios similares a los del fitoplancton, convirtiéndolas en una fuente de alimento sorprendentemente rica. Al desplazarse lentamente, las salpas son fáciles de capturar para los depredadores, lo que requiere muy poca energía3.

Al igual que el krill, las salpas se alimentan de fitoplancton y producen densos gránulos fecales que se hunden rápidamente, transportando carbono a las profundidades oceánicas como parte de un proceso conocido como la "bomba biológica de carbono". De hecho, estudios demuestran que las salpas pueden transportar hasta diez veces más carbono al lecho marino que las zonas sin enjambres de salpas. Esto las hace especialmente importantes en regiones como el océano Austral, donde, por lo general, llega relativamente poca materia orgánica al fondo marino profundo3.

Cuando se producen grandes proliferaciones, las salpas pueden ejercer un enorme impacto en esta bomba biológica, ayudando a confinar carbono en las profundidades del océano y a mitigar el calentamiento. Un estudio estimó que una sola gran proliferación de salpas exportaba unas 100 toneladas métricas de carbono al día, una cifra aproximadamente equivalente a retirar 7,500 automóviles de la circulación4.

Así pues, aunque las salpas pasen en gran medida desapercibidas, contribuyen silenciosamente a mantener la salud de nuestro planeta.

an underwater view of various sea urchins scattered across the white sands of the ocean floor
Erizos de mar en el fondo del océano.

© Judith van de Griendt / WWF-Netherlands

Los equinodermos son esas criaturas extrañas, a veces viscosas o espinosas, que habitan en el fondo marino; por ejemplo, los pepinos de mar, los erizos, las estrellas de mar y los lirios marinos. Aunque puedan parecer perturbadoras, estos animales desempeñan un papel ecológico fundamental en el lecho marino, ya que ayudan a mover y remodelar los sedimentos, influyendo de manera compleja en el ciclo de nutrientes y en el almacenamiento del carbono.

Por un lado, algunos equinodermos se alimentan de materia orgánica presente en el fondo marino y pueden reelaborar los sedimentos mediante un proceso conocido como bioturbación. En ciertos hábitats, esta actividad puede reducir la acumulación de algas y mejorar las condiciones para las praderas de pastos marinos, permitiendo que llegue más luz solar a sus hojas. Los equinodermos detritívoros (que se alimentan de depósitos orgánicos) también pueden ayudar a reciclar nutrientes e influir en la calidad del agua, si bien estos efectos varían según la especie y el entorno. En este sentido, los equinodermos actúan como “aspiradoras del mar”: al desplazarse lentamente por el fondo arenoso, ayudan a limitar la sobrecarga de nutrientes (eutrofización) y favorecen la calidad general del agua.

Los equinodermos también contribuyen al confinamiento de carbono: un estudio estima que ayudan a capturar y almacenar hasta 100 millones de toneladas de carbono al año5,6, cifra que equivale a las emisiones anuales de 85.5 millones de automóviles de combustión. Lo logran construyendo esqueletos de carbonato de calcio a partir del carbono disuelto en el agua de mar. Al morir, sus esqueletos se descomponen y pasan a formar parte de los sedimentos del lecho marino, donde el carbono puede permanecer retenido durante largos periodos.

Aunque parezcan un tanto peculiares, los equinodermos merecen ser reconocidos como verdaderos héroes climáticos del océano.

Several sea stars are scattered across the ocean floor off the coast of Santa Cruz Island in the Galapagos Islands
Estrellas de mar frente a la costa de la isla Santa Cruz, Galápagos.

© Anthony Busiello / WWF-US

Dato adicional: las abejas del mar

¿Sabías que los océanos también podrían tener polinizadores?

Los pastos marinos constituyen un hábitat marino crucial y desempeñan un importante papel en la mitigación del cambio climático. Mediante el confinamiento de dióxido de carbono a través de la fotosíntesis, la generación de materia vegetal rica en carbono y la retención de carbono orgánico en los sedimentos subyacentes, las praderas saludables y no alteradas de pastos marinos pueden mantener el carbono almacenado durante décadas o incluso siglos.

Al igual que las abejas y las mariposas ayudan a polinizar las flores, los científicos han descubierto recientemente que algunas especies de pastos marinos dependen de invertebrados marinos para su reproducción. Un ejemplo es el pasto tortuga (Thalassia testudinum), que se encuentra en aguas poco profundas y arenosas del Caribe y el golfo de México. La reproducción de esta planta cuenta con la ayuda de unos pequeños pero fundamentales aliados. Las flores masculinas liberan polen por la noche, cuando muchos invertebrados están activos, y estos animales transportan el polen hasta las flores femeninas7.

Existe una relación similar entre un pequeño crustáceo, Idotea balthica, y el alga roja Gracilaria gracilis. Estos isópodos suelen adherirse firmemente al alga, la cual les ofrece refugio frente a los depredadores y una superficie sobre la que pastar. El alga también se beneficia, ya que los isópodos ayudan a transferir células reproductoras (espermacios) de las plantas masculinas a las femeninas, facilitando así la fecundación8.

De este modo, los invertebrados marinos desempeñan un papel silencioso pero vital en el sostenimiento de estos ecosistemas que almacenan carbono.

An underwater view of a field of turtle grass off the coast of Honduras
Turtle grass off the coast of Honduras

© Shutterstock

En resumen

El océano es una vasta e interconectada red de ecosistemas, moldeada tanto por elementos vivos como no vivos. Cada organismo —por pequeño que sea— desempeña un papel fundamental en el sostenimiento de la red trófica y la salud del ecosistema, demostrando además que la naturaleza es una de nuestras mejores aliadas en la lucha contra el cambio climático.

Al reconocer y valorar a estos pequeños pero poderosos héroes del océano, recordamos que toda forma de vida es importante. WWF trabaja para conservar y restaurar los “bosques azules” —como manglares, praderas de pastos marinos, marismas y bosques de algas kelp— con el fin de hacer frente a las crisis del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la vulnerabilidad costera.