Enrique Prunes de WWF: restaurando el río Grande
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Laura Paskus

© WWF-US/Diana Cervantes
En algunos lugares a lo largo del río Grande en Nuevo México, las comunidades aún desvían agua a través de acequias tradicionales. Estos pequeños canales de riego excavados a mano datan del siglo XVI, cuando los colonizadores españoles conquistaron y colonizaron la región.
Las comunidades indígenas emplearon durante mucho tiempo la agricultura de secano (o de temporal), el riego por inundación fluvial y pequeñas acequias para cultivar, pero los españoles expandieron el riego en su búsqueda por establecer colonias y cultivar las tierras bajas de los valles.
A finales del siglo XIX y principios del XX, el gobierno estadounidense atrajo a agricultores anglosajones a establecerse en la región mediante la construcción de obras de ingeniería más grandes y complejas. Esta infraestructura, junto con nuevos esquemas de gestión y asignación de aguas, suplantó a las acequias. Sin embargo, las acequias tradicionales persisten, especialmente en el norte de Nuevo México. E incluso hoy en día, se mantienen de forma comunitaria: todos son responsables del cuidado de los canales y, en caso de sequía, comparten el agua disponible.
Para Enrique Prunes, Gerente del río Grande de WWF-US y especialista líder en agua dulce, esto es parte de su cultura, algo que está muy cerca de su corazón.
Prunes se crió en la ciudad de Chihuahua, México, y pasaba los veranos, vacaciones y fines de semana con la familia de su madre en Valle de Allende, un antiguo pueblo misionero español ubicado a orillas del río Valle de Allende, donde se establecieron algunas de las primeras acequias de la región, que aún se cuidan y utilizan.
“Crecí allí, con mi tío y mi abuela, desviando agua hacia los huertos de nogal, chile verde y papa”, comenta Prunes. “Creo que eso es en gran parte lo que me llevó a dedicarme a la conservación de los ríos”.
© Enrique Prunes
© PAUL TASHJIAN
Prunes ha trabajado para WWF durante 16 años liderando el trabajo programático en el río Grande, con un enfoque en la integración de las aguas superficiales, subterráneas y agrícolas para la conservación de este río binacional que se extiende a través de 1,900 millas (3,050 km), desde su nacimiento en Colorado y a través de Nuevo México, Texas y México. En los últimos años, su trabajo ha cobrado impulso en Nuevo México, pero aún se centra en la defensa del río como un sistema holístico y vivo.
“A lo largo de mi carrera, siempre he sido muy respetuoso y consciente de comprender el contexto local, las comunidades locales y lo que el río significa para esa región”, señala. “Al mismo tiempo, el río es un sistema y todo está conectado”.
Prunes fue el artífice clave del informe Report Card for the Upper Rio Grande Basin de la cuenca alta del río Grande. Con base en las aportaciones de científicos y partes interesadas, en 2022 WWF y sus socios de conservación publicaron dicho informe, que evalúa los desafíos e identifica oportunidades para restaurar el río y sus tramos. Ese informe muestra que, a pesar de las demandas de la agricultura y las ciudades, y de los impactos del cambio climático, el río Grande aún nutre ecosistemas y vida silvestre cruciales.
Ahora, WWF y sus socios, incluyendo Audubon Southwest, han cuantificado los caudales y las pérdidas fluviales en seis tramos aguas arriba del río Grande y su afluente, el río Chama en Nuevo México, y han desarrollado recomendaciones de caudal ambiental estacional para cada uno. El objetivo es utilizar estrategias locales de restauración, conservación y gestión para restablecer el agua en las zonas afectadas por la escasez.
“Los caudales ambientales son un elemento fundamental de la labor de WWF, ya que se centran en la conectividad y la resiliencia”, afirma Prunes, añadiendo que su formación en ingeniería civil e hidrología lo ha preparado para este trabajo.
© WWF-US/Diana Cervantes
© WWF-US/Diana Cervantes
A principios de 2025, Prunes se mudó con su familia a Albuquerque, y los socios del proyecto están contentos de tenerlo aquí en la cuenca. No se trata solo de su experiencia científica y técnica, menciona Paul Tashjian, director de conservación de agua dulce de Audubon Nuevo México. Se trata también de su energía, paciencia y espíritu de colaboración, un sentimiento que se repite a lo largo del río Grande cada vez que se menciona su nombre.
Prunes continúa revisando la estrategia de conservación de WWF a lo largo del río Grande y forjando relaciones a lo largo del río, buscando siempre un equilibrio entre las necesidades locales y el trabajo de restauración local con todo el sistema fluvial. "Es valioso pensar en toda la cuenca, cómo los diferentes problemas y soluciones se traducen en diferentes regiones, y cómo podemos aprender de las acciones de la gente en Nuevo México para informar sobre lo que sucede en el tramo binacional, y viceversa", explica.
El río con el que la familia Prunes realiza sus riegos es el río Valle de Allende, un afluente del río Conchos. Ese río se une al río Bravo en Ojinaga, Chihuahua, restaurando los caudales del río estadounidense, que se han secado en el "tramo olvidado", un tramo de 200 millas (320 km) río abajo de El Paso, Texas. Gracias a los caudales del río Conchos, el río Grande fluye por la región de Big Bend, a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México.
Así como aprendió sobre el agua en la acequia de su familia, Prunes sabe que las comunidades locales de Nuevo México tienen mucho que enseñar a todos en la cuenca. "En Nuevo México, WWF tiene muchas oportunidades para ayudar y para enriquecer lo que ya se está haciendo en la conservación del agua".