El caso climático sobre el lobo, no tan feroz
Más sobre este incomprendido héroe de la naturaleza
© WWF / Marielle van Uitert
Los lobos habitan algunas de las regiones más silvestres y agrestes del mundo, como cordilleras, densos bosques y tundras. Actualmente, estos extraordinarios ecosistemas enfrentan amenazas sin precedentes debido al cambio climático, lo que provoca un rápido aumento de las temperaturas, cambios en los patrones de las presas y la pérdida de hábitat que altera su equilibrio natural.
En la cultura popular y los medios de comunicación, los lobos suelen ser caracterizados como astutos o maliciosos. Pero son más que simples depredadores: también desempeñan un fundamental papel para garantizar la salud y la resiliencia del clima de la Tierra.
Los lobos benefician a las plantas, los humedales y el carbono
Como superdepredadores, los lobos son parte integral de los ecosistemas dondequiera que se encuentren de forma natural. Como la mayoría de las especies que se encuentran en la cima de la cadena alimentaria, los lobos tienen pocos competidores naturales. Como resultado, ayudan a mantener poblaciones saludables de otros animales e incluso de muchas de las plantas que comparten sus hábitats. Un famoso ejemplo es el de los lobos y el Parque Nacional de Yellowstone. Cuando los lobos fueron expulsados del parque a finales de la década de 1920, las poblaciones de alces y otras especies de presas aumentaron drásticamente, ocasionando un pastoreo excesivo, lo que tuvo un negativo impacto en cadena a lo largo de todo el ecosistema de Yellowstone.
Los lobos fueron reintroducidos en Yellowstone en 1995. Desde entonces, se ha observado un notable resurgimiento de plantas leñosas como el sauce y el álamo. Debido al aumento de las plantas alimenticias, la población de castores en el parque también ha aumentado, dando lugar a humedales más saludables. Cuando los investigadores documentaron el efecto dominó que tiene la reintegración de los lobos, descubrieron que hubo un aumento de aproximadamente el 1,500 % en los sauces más grandes, con mayor capacidad de almacenamiento de carbono. Además, el ramoneo de álamos jóvenes se redujo a menos del 25% en las zonas altas y a menos del 20% en las zonas de transición entre tierra y agua para 2010, lo que contribuyó a un mayor crecimiento y regeneración de álamos.

© McDonald Mirabile / WWF-US
El (verdadero) lobo feroz
La polarizada imagen de los lobos no solo se debe al folclore, sino también a las preocupaciones reales de los ganaderos, cazadores y agricultores. Los puntos de vista opuestos entre los defensores de los lobos y las comunidades rurales suelen generar tensiones sociales que reducen las oportunidades para desarrollar objetivos y estrategias comunes. A su vez, estos conflictos suelen provocar un aumento de la caza y las trampas, debido al temor de que un mayor número de lobos y una mayor protección para estos animales tengan como consecuencia que les “roben” recursos a los productores, incluyendo el ganado u oportunidades para cazarlos. Parece que el verdadero "lobo feroz" no suele ser el animal en sí, sino los polarizados puntos de vista que dejan poco espacio para el diálogo y la planificación compartida.
Hoy en día, los lobos en Estados Unidos se encuentran en Montana, Idaho, Wyoming, el este de Oregón, el este de Washington y una pequeña zona del norte de Utah, donde ya no cuentan con protección federal¹. Sin embargo, hay ganaderos y otros terratenientes que han aprendido a convivir con la fauna silvestre para el mejoramiento de la tierra, como el ejemplo de The Blackfoot Challenge, en el oeste de Montana: esta comunidad ganadera no solo ha aprendido a convivir con lobos, sino también con osos pardos, pumas y muchas otras especies nativas de la región.
“Las investigaciones demuestran continuamente que cuando los ecosistemas están intactos, incluyendo sus especies nativas, desde las abejas más pequeñas hasta los lobos y otros grandes depredadores, son innegablemente más resilientes al cambio climático y a las crecientes presiones que se ejercen sobre el mundo natural”, señala Patrick Lendrum, director científico del Programa de las Grandes Planicies de WWF.
Quizás sea hora de aceptar ambas perspectivas: vivir junto a los lobos es complicado, pero también son clave para mantener la salud y la resiliencia de muchos ecosistemas, y los servicios que brindan. Hoy, como ha sucedido durante gran parte de nuestra existencia, los humanos seguimos luchando por encontrar maneras de coexistir con estos poderosos animales. Y a pesar de los exitosos esfuerzos para reintegrarlos en regiones como Yellowstone, los lobos siguen necesitando nuestra ayuda. Para protegerlos, debemos seguir examinando nuestra relación con los depredadores. Podemos ayudar financiando programas de coexistencia que ayuden a ganaderos y lobos a convivir de forma más armoniosa, educando a más personas sobre el positivo impacto que los lobos tienen en el medio ambiente y, por supuesto, apoyando políticas e iniciativas de conservación basadas en la ciencia, como la Ley de Especies en Peligro de Extinción.
Estos esfuerzos de conservación salvaguardan los ecosistemas de los que dependen los lobos y brindan la capacitación, la educación y la innovación necesarias a las comunidades que se encuentran en contacto directo con las poblaciones de lobos, garantizando un futuro más saludable para todos. En nuestra búsqueda de soluciones al cambio climático, los lobos podrían ser uno de los héroes más inesperados de la naturaleza.
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¹Robbins, Jim. "As Wolf Populations Rebound, an Angry Backlash Intensifies." Yale Environment 360, December 12, 2024. https://e360.yale.edu/features/wolves-united-states-europe