En la Amazonía, la comunidad indígena Paiter Surui imparte lecciones sobre conservación
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Chris Weaver

© Chris Weaver / WWF
Como visitante novato de Brasil, me había imaginado una selva amazónica exuberante e intacta. Sin embargo, el viaje de ocho horas hasta el Territorio Indígena Sete de Setembro me reveló la cruda realidad de las amenazas que enfrenta la región. Lo que antes eran densas selvas tropicales ahora da paso a congestionadas autopistas que atraviesan vastos campos de soya y maíz, entremezclados con pastizales para el ganado; no era precisamente la Amazonía que había imaginado.
Cuando llegamos al Territorio Indígena Sete de Setembro, hogar del pueblo Paiter Surui, unas guacamayas azules y rojas sobrevolaban el lugar, mientras que el canto de los tucanes se escuchaba a lo lejos. Decenas de especies de árboles formaban doseles que nos envolvían en un silencioso follaje verde, interrumpido por los cantos de los pájaros que revoloteaban entre las copas y la maleza. El suelo estaba cubierto por capas de hojas en descomposición, pero de alguna manera permitía que la experimentada vista de nuestro guía divisara las huellas de un tapir. Sí, esta era la Amazonía que había imaginado.

© Jacqueline Lisboa / WWF - Brazil
Yo era parte de un equipo de 15 personas de WWF y organizaciones asociadas de Bolivia, Chile, Perú y Estados Unidos que visitaba la comunidad Paiter Surui. Queríamos conocerlos y aprender cómo habían integrado con tanto éxito el conocimiento y la cultura tradicionales con la ciencia y los enfoques basados en el mercado, especialmente ante las crecientes amenazas.
El Territorio Indígena Sete de Setembro comprende más de 600,000 acres (243 mil ha) y es el hogar de aproximadamente 1,200 miembros Paiter Surui, quienes mantienen una profunda conexión espiritual y práctica con el bosque. Su Plan de Manejo Etnoambiental combina los medios de vida tradicionales del bosque —como la caza, la pesca, la recolección de castañas de Brasil y la agricultura a pequeña escala— con diversas actividades generadoras de ingresos alternativos, como el turismo y la producción de café.
© Chris Weaver / WWF
© Denisse Mardones / WWF-Chile
Durante uno de los recorridos por el bosque, bajamos del vehículo al final de un camino para seguir un estrecho sendero y nos detuvimos al pie de un gigantesco árbol de castañas de Brasil. Cada árbol de castaña en el Territorio está georreferenciado a nombre de familias individuales que poseen el derecho a cosechar las nueces para consumo propio o para su venta a la planta procesadora de castañas Paiter Surui, una empresa que emplea estacionalmente a 180 miembros de la comunidad para partir, procesar y empacar aproximadamente cuatro toneladas de nueces al año, lo que multiplica por treinta el valor de las ventas.
A lo largo de nuestra caminata, vimos cámaras trampa estratégicamente colocadas para monitorear los movimientos de especies que habitan el bosque, como jaguares, ocelotes, tapires, venados y más. Al llegar a un claro, una demostración con drones reveló cómo se identifican rápidamente las posibles amenazas para el bosque, como la tala ilegal o los asentamientos humanos.
Nuestros anfitriones Paiter Surui compartieron con orgullo sus logros, incluyendo una plantación de café orgánico, donde una mujer de la comunidad supervisa los procesos de producción y comercialización de su preciado producto. Vimos cómo las semillas cosechadas por los miembros de la comunidad se cultivan para convertirlas en plántulas y restaurar áreas forestales degradadas.
© Denisse Mardones / WWF-Chile
© Denisse Mardones / WWF
Eliza Surui Lobo y Vania Surui Joaquín, dos de las cinco mujeres recolectoras de semillas, compartieron historias sobre su trabajo y cómo este fortalece la conexión de sus familias con el bosque. Los subproductos de la caza y la recolección se utilizan para generar ingresos mediante artesanías y joyería. Hoy, el equipo de recolección ha crecido a 35 miembros, quienes recolectan semillas de 22 especies nativas para contribuir a la restauración del bosque.
Hasta la fecha, se han plantado más de 14,000 plántulas, y la demanda de estas plántulas está en aumento, ya que se buscan para restaurar otras zonas de la Amazonía. Los ingresos ayudan a las familias Patei Surui a comprar artículos de primera necesidad y a reconectar a los niños con la naturaleza, como parte de una comprensión intergeneracional compartida sobre la importancia del bosque.
En la última noche de nuestra visita, los líderes tradicionales de la comunidad nos guiaron, tomados del brazo, en una danza tradicional para celebrar la unidad de las personas de cuatro países que se reúnen para aprender de la sabiduría y la resiliencia del pueblo Paiter Surui.